En una ciudad como ésta en la que vivo —un enorme vecindario, por mucho que legalmente sea ya una gran ciudad— resulta muy sencillo encontrarse con conocidos en las más variopintas circunstancias, de modo que la discreción provinciana está a la orden del día. Por eso, cuando alguno de nuestros conocidos protagoniza un suceso más o menos llamativo, nos afecta de una manera más cercana. ¿Qué decir cuando ese suceso nos concierne directamente?
