miércoles, 30 de marzo de 2016

Atractivos de "El Ministerio del Tiempo"


El éxito de la serie de televisión El Ministerio del Tiempo es algo a todas luces indiscutible. Y no sólo por cuanto dicen sus datos de audiencia (que no deberían ser determinantes para una televisión pública) sino por la comunidad generada en torno a esta ficción y el movimiento tanto sentimental como innovador que ha provocado.

Aunque seamos muchos los que cada lunes disfrutamos con las aventuras de la patrulla del tiempo mientras compartimos la experiencia con el móvil o la tableta en la mano, cada vez estoy más convencido de que su éxito no tiene tanto que ver con el ruido que la comunidad de ministéricos sea capaz de producir como con los ingredientes que sus creadores manejan con habilidad de un master chef o, mejor aún, hábil cirujano. Con ellos han sido capaces de atrapar a diferentes públicos, que de esta manera pueden además saborear al mismo tiempo otros gustos distintos de aquellos a los que están habituados.

jueves, 6 de agosto de 2015

De vuelta

No es un secreto que lo mío no es el deporte, y a cierta edad es difícil que uno cambie. Sin embargo, cuando llega el buen tiempo a Burgos —y mientras dura— suelo aprovechar para colocarme la bici entre las piernas y dar alguna que otra pedalada por los alrededores. En busca de endorfinas que me alegren la jornada, voy en bicicleta a trabajar, atravesando el bosquecillo urbano de la Quinta, un placer que a buen seguro más de uno envidiará. El regreso es igualmente confortante, aunque a esas horas —poco después de las tres de la tarde— el calor resulte especialmente molesto en algunos tramos del recorrido.


martes, 23 de septiembre de 2014

Vamos a la playa

Las Fuentes, AlcossebreAcabo de reincorporarme a la rutina laboral después de unos escasos días de asueto: algo de playa y spa, un poco de deporte —con pequeña lesión incluida— y otro tanto de baile… para descargar tensiones, reordenar el sueño, estimular hormonas y recuperar el ánimo para afrontar una nueva temporada de las habituales obligaciones profesionales e incluso nuevas responsabilidades. Sin ver la televisión ni escuchar la radio, sin apenas consultar el correo electrónico —desde luego, no el del trabajo— y reduciendo al mínimo la utilización de las plataformas de redes sociales en Internet (seguro que mi índice Kloud se resiente).