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viernes, 19 de julio de 2013

El ombligo de Burgos

Catedral de Burgos desde el Paseo Sierra de Atapuerca
Últimamente en Burgos estamos que no nos lo creemos. Tras el tremendo fiasco de la candidatura a la Capitalidad Cultural de Europa para el año 2016, cuyo proyecto ilusionó a la mayor parte de los ciudadanos, a pesar de la gran cantidad de palabrería hueca que engordaba sus dos centenares de páginas, parecía innegable que la energía generada debía en todo caso aprovecharse en beneficio de la ciudad. Vino así, después, el empeño inversor en citymarketing, del que apenas hemos obtenido una imagen corporativa para la ciudad que, dadas las críticas suscitadas y su más que escaso uso, parece avergonzar a quienes deberían impulsar su empleo. Tanto es así que parecíamos resignarnos de nuevo a que nuestra ciudad permaneciera perennemente ligada a la arquitectura gótica de la Catedral y el cidiano sepulcro que alberga, pese a algunos esfuerzos puntuales y en gran medida ajenos a la iniciativa institucional burgalesa.

lunes, 18 de febrero de 2013

La marea (amarilla) en la cocina burgalesa

Comida japonesa © LatinJavy vía Stock.xchng
Designada durante el mes de diciembre pasado, no ha sido hasta la celebración de la última edición de FITUR cuando oficialmente Burgos ha pasado a ostentar la Capitalidad Española de la Gastronomía para 2013. Sirva esta concreción como descargo ante las críticas que he podido escuchar (y que he compartido, lo admito) durante las primeras semanas de este año. Ello no es óbice para que, cumplido el trámite de la transmisión de los trastos de la cocina, tenga la percepción de que se continúan cometiendo los mismos errores, fundamentalmente pecados pos omisión. Porque puede estar muy bien alardear de la capitalidad con sendas pancartas en la fachada del Ayuntamiento o del Teatro Principal, sobre todo si —además de informar a los visitantes, muchos o pocos, que ya están en la ciudad—sirven para recordarnos —a nosotros y a quienes rigen la urbe— el compromiso adquirido al aceptar la designación. Pero ya no le veo tanto sentido invertir una y otra vez en costosos anuncios en la prensa local, esos periódicos que sólo leemos quienes ya sabemos de la Capitalidad Gastronómica y que sin embargo nada dicen a quienes podrían sentirse tentados de visitarnos —y gastarse los cuartos— si una circunstancia como ésta estuviera apoyada por una campaña publicitaria con inversión en medios nacionales y extranjeros. Por supuesto que la presencia con stand propio en FITUR ha sido un (necesario) paso adelante, confío en que útil, no tanto por los visitantes que se hayan acercado al espacio durante los días de apertura al público como por el efecto que haya podido causar entre agencias, mayoristas y turoperadores.